Poemas humanos: integran la colección setenta y seis poemas
muy variados en cuanto a extensión, estructura, intensidad y temática. Los
Poemas humanos deben ser puestos en relación con el problema de la continuidad
o paralización en la tarea concreta de escribir poemas por parte de Vallejo.
España, aparta de mí este cáliz: el dato psicológico del que, a mi juicio, hay
que partir para leer correctamente los quince poemas de la serie es este:
Vallejo, con la posición ingenua que adoptó ante los sucesos de la guerra civil
española de 1936, buscaba, quería, anhelaba y cantaba la supervivencia de la
misma España, pero, poeta él -y hombre-, cantaba esa supervivencia como símbolo
de la supervivencia del Perú, de la humanidad entera y, sobre todo, de su
propia supervivencia en la supervivencia de la palabra.
lunes, 8 de febrero de 2016
OBRAS NOTABLES - ESPAÑA APARTE DE MI ESTE CÁLIZ
Niños del mundo
Si cae España —digo, es un decir—
Si cae
Del cielo abajo su antebrazo que hacen,
En cabestro, dos lágrimas terrestres;
Niños, ¡qué edad la de las sienes cóncavas!
¡Qué temprano en el sol lo que os decía!
¡Qué pronto en vuestro pecho el ruido anciano!
¡Qué viejo vuestro 2 en el cuaderno!
¡Niños del mundo, está
La madre España con su vientre a cuestas;
Está nuestra madre con sus férulas,
Está madre y maestra,
Cruz y madera, porque os dio altura,
Vértigo y división y suma, niños;
Está con ella, padres procesales!
¡Si cae —digo, es un decir— si cae
España, de la tierra para abajo,
Niños, ¡cómo vais a cesar de crecer!
¡Cómo va a castigar el año al mes!
¡Cómo van a quedarse en diez los dientes,
En palote el diptongo, la medalla en llanto!
¡Cómo va el corderillo a continuar
Atado por la pata al gran tintero!
¡Cómo vais a bajar las gradas del alfabeto
Hasta la letra en que nació la pena!
Niños,
Hijos de los guerreros, entre tanto,
Bajad la voz, que España está ahora mismo repartiendo
La energía entre el reino animal,
Las florecillas, los cometas y los hombres.
¡Bajad la voz, que está
Con su rigor, que es grande, sin saber
Qué hacer, y está en su mano
La calavera hablando y habla y habla,
La calavera, aquélla de la trenza,
La calavera, aquélla de la vida!
¡Bajad la voz, os digo;
Bajad la voz, el canto de las sílabas, el llanto
De la materia y el rumor menor de las pirámides, y aún
El de las sienes que andan con dos piedras!
¡Bajad el aliento, y si
El antebrazo baja,
Si las férulas suenan, si es de noche,
Si el cielo cabe en dos limbos terrestres,
Si hay ruido en el sonido de las puertas,
Si tardo,
Si no veis a nadie, si os asustan
Los lápices sin punta, si la madre
España cae —digo, es un decir—
Salid, niños del mundo; id a buscarla!…
OBRAS NOTABLES - RUSIA EN 1931
Rusia
en 1931 es un relato entusiasta y pro-soviético, pero al mismo tiempo libre e
independiente, ya que el poeta peruano no viajó a Rusia invitado por el Kremlin
ni fue compensado económicamente por la simpatía de su reportaje. Todo lo
contrario: César Vallejo regresó a la pobreza y la zozobra parisinas, donde
murió en el desamparo más absoluto. La presente edición viene a ser la segunda española
y tercera en nuestra lengua, enriquecida por lo tanto con los aportes y
enmiendas de la edición peruana de 1965.
OBRAS NOTABLES - PACO YUNQUE
Paco Yunque es un niño provinciano, y del cual el autor
relata, lo que sería su cautiverio dentro de la escuela.
Paco llega por primera vez a la escuela de mano de su madre,
este se siente sorprendido al ver a su alrededor a tantos niños que juegan,
ríen, saltan.
Paco Yunque nunca había visto eso, por lo que estaba muy
nervioso. Ya en el aula se produce una confusión por motivo de que Paco Fariña
y Humberto Grieve pugnaban por decidir con quien se sentaría Paco Yunque, y por
lo que el profesor se ve obligado a intervenir y mandar a yunque con Fariña.
Luego paco y todos sus compañeros son testigos de cómo el profesor comete una
gran injusticia al castigar al alumno Antonio Gesdres por haber llegado tarde y
no castigar también a Humberto Grieve quien había hecho lo mismo.
Terminada la gresca el profesor los puso a trabajar, así que
les dejo una tarea para que realizaran de forma individual, todos trabajaban
pero menos Humberto, quien en vez dibujaba peces, muñecos y cuadritos.
Al llegar la hora del recreo y después de salir todos del
aula, Humberto roba la hoja de examen de Paco Yunque, cuando los niños
ingresan, el profesor les pide los trabajos que les había dejado, todos
entregaron sus pruebas, menos el niño Paco Yunque porque Humberto Grieve lo
había sustraído y lo había hecho pasar como si fuese suyo.
El profesor sanciono a Paco Yunque por no cumplir con su
tarea.
Cuando ingreso el director al salón de clases pregunto al
profesor si ya tenía al mejor alumno del aula y el profesor dijo que si, que
era Humberto Grieve, por ser el ganador de la prueba y el director lo felicitó.
Mientras esto sucedía, paco yunque con la cabeza gacha solo
atinaba a llorar por la gran injusticia cometida, al mismo tiempo que su amigo
paco fariña lo consolaba.
OBRAS NOTABLES - EL TUGSTENO
Cuando la empresa norteamericana “Mining Society” logro por
fin adueñarse de las minas de tungsteno de Quivilca, en el departamento del Cuzco,
de inmediato llego al Perú la orden gerencial de Nueva York disponiendo el
comienzo de la extracción del mineral.
Una avalancha de indios procedentes de Colca lleno la mina en
poco tiempo para satisfacer las labores de minería.
En Quivilca se instalaron junto a los peones y mineros,
míster Taik y míster Weiss, gerente y subgerente de la “Mining Society”; el
cajero de la empresa, Javier Machuca; el ingeniero peruano Baldomero Rubio; el
comerciante José Marino, que había tomado la exclusiva del bazar y la contrata
de peones para la “Mining Society”; el comisario del asiento minero, Baldazari
y el agrimensor Leónidas Benítez, indios de la región, fueron ingenuamente
estafados por obreros, peones y sobre todo por los inescrupulosos Marino,
Machuca y Baldazari.
Los soras cambiaban sus plantaciones y sus animales por cosas
banales como garrafas, franelas en colores, botellas pintorescas, paquetes
policromos, fósforos, caramelos, vasos transparentes etc. Los soras es sentían
atraídos por estos objetos, como ciertos insectos a la luz.
El primero en operar sobre las tierras de los soras para
enriquecerse fue José Marino, quien formo una sociedad secreta con el ingeniero
Rubio y el agrimensor Benítez. Este contubernio tuvo que vérselas en apretada
competencia con Machuca,Baldazari y otros que también despojaban de sus bienes
a las soras.
José Marino adulaba a todo el que, de una u otra manera,
podía serle útil. Un día que Marino debía ir de Quivilca a Colca, se reunieron
en su bazar para despedirlo, Leónidas Benítez, Míster Taik, y Míster Weiss, el
comisario Baldazari, Rubio y Javier Machuca.
La botellas de champaña fueron desfilando raudamente y en
cada, ¡salud!, Marino no desaprovechaba la oportunidad para adular a todos los
presentes.
Cuando ya estaban ebrios Marino propuso jugar a “La rosada” a
los dados; esta era una de las queridas de Marino. Muchacha de 18 años,
serrana, ojos grandes y negros y empurpuradas mejillas candorosas, la había
traído de Colca, como querida, un apuntador de las minas, junto con sus
hermanas Teresa y Albina.
El ganador del “premio” fue el comisario Baldazari; Marino de
inmediato envió a su sobrino Cucho en busca de la muchacha, quien llego a los
pocos minutos. El exceso de licor provoco tal degeneración que “La rosada”, que
se llamaba Graciela, fue poseída por todos los presentes.
La muchacha se había negado a las exigencias de José Marino,
pero este le había dado una pócima que la embriago hasta privarla. La muchacha
no vio el amanecer y murió por efecto de la droga que le administrara José
Marino. Míster Taik exigió absoluta discreción.
La llevaron a su casa y dijeron a sus hermanas que le había
dado un ataque y que yace le pasaría. Al otro día la enterraron. Las hermanas
de la difunta fueron donde Míster Taik a pedirle justicia porque consideraban
que a su hermana la habían matado. El gringo las boto y todo quedó archivado en
el pasado.
En colca José Marino tenía otro bazar en sociedad con su
hermano Mateo; la firma se llamaba “Marino hermanos”. Los hermanos Marinos eran
originarios de Mollendo y hace ya unos doce años que se habían establecido en
la sierra. Poco apoco habían ido escalando posiciones para llegar al lugar en
que estaban, pero siempre con la adulación y la falta de escrúpulos como armas.
Había en casa de Mateo una india rosada y fresca bajada de la
puna a los ocho años y vendida por su padre, un mísero a pasero, al cura de
Colca; se llamaba Laura, y cuando José venia de Quivilca, Lura solía acostarse
también con el a escondidas de Mateo.
Laura en el fondo odiaba a su patrón y amante; cuarentón,
colorado, medio legañoso, redrojo, grosero, sucio y tan avaro como su hermano
José. La raíz de este encono radicaba en el hecho del desprecio encamisado e
insultante que Mateo ostentaba por Laura cuando había gente en casa de “Marino
hermanos”, afín de que nadie creyese lo que todo el mundo creía: que era su
querida; esto le dolía profundamente, a Laura.
José la retenía con la astucia y el engaño prometiéndole que
la haría su mujer ante todos, cuando el tono de su hermano Mateo la dejara como
lo hozo con la madre de su hijo Cucho. Esa noche fue Mateo el primero en
deslizarse hasta la cocina donde dormía Laura para ponérsela brutalmente.
A los pocos minutos fue José, quien aprovechando que Mateo
dormía, visito a la joven india en la cocina. Laura le confeso que estaba
preñada de él; este se negó a tal compromiso. José había contado a su hermano
que Míster Taik le había pedido cien peones más para la mina de tungsteno que
explotaba la Mining Society.
Como no era fácil convencer a los indios para tan dura tarea,
en la cual ya habían casi desaparecido los soras, fueron a buscar al
subprefecto Luna para que les facilitara dos gendarmes. Este les manifestó que
carecía de personal y que el escaso que estaba a su cargo la tenía ocupados
“cazando” conscriptos. Dos yanaconas, Braulio conchucho e Isidoro Yépez, fueron
traídos desde Guaca pongo a Colca, para ser enrolados en el servicio militar.
Sin sombrero, bajo un sol abrazador, los encallecidos pies en
el suelo, los brazos atados hacia atrás, amarrados por la cintura con un lazo
de cuero al pescuezo de las mulas, los yanaconas fueron arrancados de sus
hogares y atravesando ríos, quebradas y pedregales, fueron llevadas a Colca ya
casi agonizantes por dos crueles y sanguinarios gendarmes. El pueblo, sediento
de venganza, se vuelca contra la oficina del alcalde y lideradas por el herrero
del pueblo, Servando Huanco, exigen justicia.
Braulio Con chucos no pudo resistir más tiempo y cayó muerto
en la oficina del alcalde Para, delante del prefecto Luna, el secretario boda,
el juez Ortega, el gamonal Iglesias y el medico Riaño quien certifico su
muerte.
Servando dio entonces un salto a la calle entre los
gendarmes, lanzando gritos salvajes, roncos de ira, sobre la multitud ¡un
muerto! ¡Lo han matado los soldados! ¡Abajo el subprefecto! ¡Viva el pueblo! La
confusión, el espanto y la refriega fueron instantáneos.
El enfrentamiento entre la persecución de estos últimos con
el pretexto de restablecer el orden público. No se respetó ninguna vivienda;
todas fueron violentadas en busca de los “sublevados”. Los más encarnizados en
la represión fueron el juez Ortega y el cura Velarde.
En una reunión ofrecida por el alcalde Para, los hermano
Marino llevaron a un rincón al subprefecto Luna y lo convencieron para que este
les facilitara veinticinco indios que estaban en la cárcel, los cuales en la
madrugada, emprendieron viaje a las minas de Quivilca.
Pocas semanas después, el herero Servando Huanca conversaba
en Quivilca con Leónidas Benítez, quien había sido arrojado de su puesto de
agrimensor. Perdiendo además su sociedad de cultivo y cría con José Marino.
Con palabras desgarradoras, Huanca logro que Benítez
despertara del letargo en que estaba sumido y se diera cuenta que los pobres
indios eran no solo explotados, sino también maniatados por los Yanquis y por
los malos hombres como José y Mateo Marino que servían incondicionalmente a
tipos sin escrúpulos como míster Taik.
Benítez proporciono un documento que demostraba que míster
Taik no era yanqui sino alemán, y que con esa evidencia podría fregar a la
“Mining Society”. Ambos hombres se unieron para iniciar la rebelión de los
indios contra sus opresores. Lo que había terminado de decidir la actitud de
Benítez, era el amor que sentía por la difunta Graciela a quien le recordaba y
amaba en silencio.
OBRAS NOTABLES - FABLA SALVAJE
Todo empezó una mañana cuando Balta Espinar se levantó
de su lecho se dirigió al espejo y vio que pasaba alguien por detrás de él; el
volteó y el espejo se cayó y se rompió en varios pedazos. Llegó su esposa
Adelaida y le contó lo sucedido atemorizado a la hora de la cena cantaban las
gallinas como si algo iba a pasar y Balta con voz tímida dijo que ahora si iba
a pasar algo y se sería de ellos. En la mañana siguiente Balta Espinar se
levantó y fue a trabajar, después de mucho trabajo se cansó y había un charco,
se agachó y en el acto vio que la misma sombra pasaba por detrás. En el
principio pensó que era una broma pero después de haber percibido en muchas
oportunidades, decidió en pensar que Adelaida le engañaba con otra persona
hasta que llegó un día en que Balta ya no le hablaba a su esposa y además le
golpeaba porque pensaba que sí efectivamente Adelaida la sacaba la vuelta. Un
día Balta espinar estaba sentado al borde de un abismo cuando en ese preciso
momento pasó la sombra por detrás de él volteó y cayó al abismo en ese preciso
momento nació su hijo.
OBRAS NOTABLES - ESCALAS
Mi madre estaba allí. Vestida de negro unánime. Viva. Ya no
muerta. ¿Era posible? No. No era posible. De ninguna manera. No era mi madre
esa señora. No podía serlo. Y luego ¿qué había dicho al verme? ¿Me creía, pues,
muerto? Escalas melografiadas por su autor, es un texto, que, al margen de la
discusión entre los exégetas por establecer un canon sobre su creación y
analizar las necesidades que empujaron a Vallejo a escribirlo en 1923, es
secundaria frente a la importancia de que se editen nuevamente en España. Creo
que Vallejo fue, junto con José María Arguedas, uno de los pocos autores
peruanos que buscó una verdadera escritura literaria que lograse separarlo de
la realidad que lo oprimía para ser un hombre libre. No a través del cinismo,
sino del grito, del desgarro. Del prólogo de Patricia de Souza
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